¿Y yo quién era?

Josué Alfaro
4 min readNov 8, 2019

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Una ‘crisis’ de identidad convertida en un texto.

Hace tres semanas renuncié a mi trabajo como periodista legislativo del Semanario Universidad. Fue, posiblemente, una de las decisiones más difíciles que he tomado desde hace mucho tiempo.

Al inicio no entendía muy bien por qué me había costado tanto hacerlo. Tenía plena consciencia de que mi estado de ánimo ya no era el mismo y de que me sentía desmotivado. Sin embargo, también me sentía muy culpable y retenía una carga enorme, que me hacía dudar sobre todos y cada uno de esos motivos que me pedían dejar aquel trabajo.

¿Qué me detenía? No lo tenía muy claro.

Quizás fueron muchos factores juntos (mis amigos, mis fuentes, mis finanzas), pero hubo un detalle que ahora —ya varias semanas después de todo eso — pondría por encima de todos.

Fue un asunto que capturé hasta hace pocos días, cuando por fin me hicieron una pregunta que hace mucho tiempo no me incomodaba tanto: — ¿Y vos quién sos?

Tuvieron que pasar varias semanas para que me diera cuenta de que lo mío (ese conflicto que me había detenido por un par de meses, a pesar de que todas mis emociones me pedían a gritos que dejara mi trabajo) era, sobre todo, un asunto de identidad.

Mi trabajo me permitía saber quién era, estar seguro de ello, tener una respuesta fácil: una certeza y una fortaleza, todo al mismo tiempo.

Hasta hace unas semanas, responder “quién era” hubiese sido simple. Un mero automatismo habría bastado y, como si eso fuera poco, habría quedado perfectamente bien posicionado.

— Yo soy Josué Alfaro, un periodista del Semanario Universidad que cubre temas legislativos y económicos. No podía tenerlo más sencillo.

Incluso nueve de cada diez de mis llamadas telefónicas empezaban de esa forma: “Soy Josué Alfaro, el periodista de política”. No hacía falta nada más que eso. Anadie le importaba si era buena o mala persona, si quería hacer el bien o hacer el daño. Bastaban solo esas palabras. Eran mi definición por excelencia.

***

“¿Ahora quién era?”.

La pregunta llegó justo después de la renuncia. Lo más seguro es que sea una pregunta más común de lo que pienso, pero que antes no me había masacrado tanto. Me sentí de nuevo como un chiquillo de cinco o seis años, que se miraba insignificante en medio de ese desastroso «mundo de los adultos».

Probablemente ese es uno de los principales efectos que han de tener las renuncias. Perdés certezas que van más allá de los ingresos quincenales.

La identidad debe ser así de rara. La construimos a partir de cualquier detalle que nos defina (y nos afiance) frente a los otros. Nadie diría: “Soy Josué Alfaro, un tipo que ahora duerme hasta las 11 de la mañana y que luego no hace nada”.

***

En fin, escribo todo esto porque quería compartirles mis debilidades. Pienso que son un pensamiento válido. Renunciar sin un “plan B” es una de las situaciones más incómodas a las que me he expuesto voluntariamente en mi vida, y tanto que no me arrepiento ni por un instante de haberlo hecho.

Hasta hace pocos días no tenía idea de que me iban a pedir que trabajara estos últimos dos meses del año para Doble Check. En ese lapso, la incertidumbre sobre mi vida laboral me hizo dudar sobre cada aspecto de mi vida y fue tan maravilloso, que luego debí recordar quién era, incomodarme y sentirme frágil, como hace rato no me sentía.

También me recordó cosas que me gustan mucho de mí mismo, especialmente esa ‘mala maña’ de tomar decisiones incómodas cuando quiero ser feliz de otra manera.

Tuve que sentarme y pensar muchísimo después de todo esto: “¿quién era?”, “¿quién soy”, “¿quién quiero ser” y creo que, a fin de cuentas, solo recordé que sigo siendo un tipo sencillo, medio tímido, ‘ruralito’ y casero, y que soy feliz de ser todo eso.

Un flaco (porque siempre me digo flaco aunque no me guste), que además sentía (y siente) un gusto enorme por escribir lo que sea. Por buscar palabras que le permitan entender qué siente y qué le rodea.

Eso era.

Eso soy.

También recordé que era un tipo inseguro en muchos detalles. Desde hace mucho tiempo no dudaba tanto de mi fuerza porque toda lo había puesto en mi trabajo. Ahora estaba sin eso y volví a verme en el espejo, donde ya no encontré al periodista que sabía hacer lo suyo, sino al chiquillo que buscaba sentirse contento y nada más que eso.

Por un instante, incluso recordé al Josué de los 18, que dejó la carrera de Economía para hacerse periodista, porque notó que la vocación no se negociaba por nada.

Y, por supuesto, también recordé lo muy feliz que me hace el periodismo. Recordé que todavía me encanta. Que quiero seguirlo haciendo. Y noté que hacía varios meses que no lo tenía tan claro.

También — y quizás más importante que todo eso — recordé que era una persona que salía a tomar cafés con sus amigos, un conversador alegre y un “escritor” que escribía “para dormir”, como dice Sacheri (guardando las infinitas — por no decir ofensivas — distancias).

***

Supongo que la identidad es así de rara y esa es la principal idea que quería compartirles. Tan rara que es bueno tener un poquito más enfocada esa pregunta incómoda de“¿quiénes somos?”.

Este es un texto totalmente introspectivo.

La confesión de una minicrisis de mi identidad que a mí me servirá para dormir y que a ustedes para leer un rato (si es que llegan hasta aquí).

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Josué Alfaro
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Written by Josué Alfaro

A veces siento que necesito decir algo.

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